sábado, 9 de noviembre de 2024

Y se echó a volar

Mi cuerpo no era un cuerpo,
mi mente y mi alma se habían disociado.

Había caído a una velocidad espantosa,
sin darme cuenta, 
en una cueva, 
profunda, lúgubre, desoladora.

El tiempo estaba cansado,
el sol me había abandonado
mis piernas se habían unido a la cueva
inertes, pesadas, fangosas.

Mi corazón era lo único que retenía mi alma.
Lo alimentaba con suero.
Permanecía enmascarado.
Por fuera bondadoso, fuerte, elegante.
En el fondo sediento de agua
como un rehén, asustado
anidando la esperanza.

Mi mente me traicionaba,
mi respiración se agitaba,
las piernas me temblaban,
quería llorar...una vez más.

Llegó a la cueva una cantidad increíble de agua,
de manera inhóspita, en secreto,
tanto tiempo en la cueva, 
había olvidado que aquello era una playa.

No escuché el sonido de las olas.
De un momento a otro el agua ya me cubría,
danzaba a mi lado a un ritmo que no podía controlar.

Agradecí al Universo y dije: "este es el fin"
En eso, apareció una blanca mariposa
me cogió en sus alas,
y, se echó a volar.

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