Han pasado siete años, tres meses y quince días...
Entre cada estación del Metro de Madrid florece un espacio de tiempo, vacío y eterno...
Es ese en el que obligo a mi mente a no cerrar los ojos, a no caer otra vez.
Como si fuera una película de terror, no consigo olvidarlo.
Tengo la esperanza de soltarlo.
Ahí voy, ahí me lanzo, rebobinando el tiempo...
Como una procesión, salimos de la misa de despedida.
Sara, la mejor amiga de mamá, la llevaba del brazo y me daba ánimos.
Qué curiosa la vida, años después quedaría viuda y le devolveríamos los abrazos.
Escuché a los agentes de la funeraria murmurar detrás mío:
"La señora está muy mal, no creo que la jovencita pueda entrar... ¿no hay algún hermano?"
"Ya escuchaste a la señorita, ni preguntemos porque han sido tremendos hijosde..."
Retrasé los pasos y le pedí a Sara que se quede con mamá.
Se acercaron y me lo soltaron:
"tiene que escoger quién va,
si usted o su madre junto a dos acompañantes,
de preferencia varones"
No sabía lo que me esperaba.
No quería terminar de matar en vida a mi madre.
Iría yo y tu mejor amigo, sin dudarlo. El que siempre estuvo a tu lado. El que te daba un beso y te cuidaba como si fueras su hermano.
Para escoger al segundo varón, dejé mi dolor de lado y pensé en ti, solo en ti. Habrías querido que vaya al menos alguno de tus hermanos. El menor quizás, el que decías que era un poco diferente a los demás.
Como si fuera una cárcel donde no sabes qué hay por dentro, entramos los tres.
Pasamos una puerta y esperamos en una sala pequeña.
No recuerdo si firmamos algún papel, hubiera firmado la venta de mi vida al diablo si me decían que habías despertado.
Miré al suelo, se abrió una puerta pequeña y pasamos.
Fue muy rápido, ahí estabas tú, pensé que me estabas esperando.
Qué bonito terno te habíamos puesto, me perdí en esa imagen... verte acostado.
De pronto se abrieron las puertas del infierno...
Para mí, eso era el infierno...
Dios me estaba castigando y algún motivo tendría.
Como si fueras un pan, con una pala de metal, empujaron tu cuerpo al averno.
Fue todo tan rápido que cuando me di cuenta me había lanzado a las puertas del infierno.
Quería meterme ahí, quería irme contigo.
Veía el reflejo del fuego, sentía mi cuerpo caliente...
Pensé que mis lágrimas secarían las llamas.
Fue como si mi alma se desdoblara.
Me escuchaba a mí misma.
Me veía luchando con Manuel y tu hermano.
Me veía gritando, pateando, arrastrándome para que me dejen sacarte.
No puedo borrar esos gritos.
Lo peor es que son los míos.
Quiero hacerlo.
Ese día, mi corazón, la mitad de mi vida se lo llevó el averno.
Ese día grité tanto que siete años, tres meses y quince días después sigo afónica.
Ayúdame a borrar ese episodio de mi vida.
Ayúdame a recuperar mi voz y cantar de nuevo.
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