miércoles, 2 de agosto de 2017

Promesas

Generalmente las personas prometen algo que están casi seguros que irán a cumplir, algo que puede ser guardado por años, por generaciones e incluso durante toda una vida. Prometer no volver a ese lugar nunca más, prometer dejar de decir mentiras, prometer no volver a hacerte daño. Si prometes, es seguro que será muchísimo lo que costará. Demandará un esfuerzo sin decir, lo enorme del sacrificio por el que lucharás, agonizarás controlando tus deseos, tu boca, tus pensamientos.

Prometí no contarle a nadie más tu secreto, para ti fue una promesa, para mi, un sagrado juramento. Moriré sin haber contaminado vírgenes oídos con tal historia llena de dolor, rencor, odio miserable que perturba todas tus noches y sólo llena de aguaceros el algodón, los cojines y tus pupilas dormidas.

Estos labios estan cansados de ser las puertas de mis palabras, fuera de foco, tontas, solas, perturbadas. Han decidido que pueden tener una función mayor en tu tiempo, en nuestro tiempo, en el tiempo que juntos hemos creado. Va más allá de las 24 horas y los 365 días que contamos, los que esperamos con ansías para sanar nuestras heridas. Es necesario extirparlas del corazón, quemarlas en una gran olla, donde se queman todos los pecados, donde fallecen las lujurías y sobre todo donde, el encargado de mover las sobras, tiene las manos tan quemadas que exige a gritos un poquito de amor.

Líbera tus heridas, deja descansar tus miedos en la misma olla donde yo muevo todo los días las sobras de tu dolor, donde con cada giro, se cumple la promesa de hacerte feliz y ayudarte a disminuir tu perturbación, deja que yo ahogue tus demonios con los giros de mi corazón.

Mientras me ocultas tu mirada

Mientras me ocultas tu mirada,
confirmas mis dudas, mi desconfianza y mi dolor.
Cuando velozmente tus ojos descienden al suelo 
cada vez que te miro fijamente 
esperando una confirmación...

Quiero conocer el sonido de tu boca,
quiero saber cómo se siente el engaño,
de la mejor amiga,
con la que crecí jugando desde hace muchos años.

Te abrí las puertas de mi casa, de mi vida y mi ilusión,
no tengo hermanos ni hermanas,
pero a ti te consideré la hermana del alma
por quién derramé lágrimas sin razón...

Entraste a mi casa, 
hurtaste la materialización de mi vida..
tantos años juntas,
ahora lo entiendo, 
la ironía de que inclusive en la amistad,
el que da más, es quien pierde de verdad.

Me siento tan ridícula, 
no es por nada que la pregunta,
¿seremos amigas para siempre?
siempre la hice yo.