Prometí no contarle a nadie más tu secreto, para ti fue una promesa, para mi, un sagrado juramento. Moriré sin haber contaminado vírgenes oídos con tal historia llena de dolor, rencor, odio miserable que perturba todas tus noches y sólo llena de aguaceros el algodón, los cojines y tus pupilas dormidas.
Estos labios estan cansados de ser las puertas de mis palabras, fuera de foco, tontas, solas, perturbadas. Han decidido que pueden tener una función mayor en tu tiempo, en nuestro tiempo, en el tiempo que juntos hemos creado. Va más allá de las 24 horas y los 365 días que contamos, los que esperamos con ansías para sanar nuestras heridas. Es necesario extirparlas del corazón, quemarlas en una gran olla, donde se queman todos los pecados, donde fallecen las lujurías y sobre todo donde, el encargado de mover las sobras, tiene las manos tan quemadas que exige a gritos un poquito de amor.
Líbera tus heridas, deja descansar tus miedos en la misma olla donde yo muevo todo los días las sobras de tu dolor, donde con cada giro, se cumple la promesa de hacerte feliz y ayudarte a disminuir tu perturbación, deja que yo ahogue tus demonios con los giros de mi corazón.
Líbera tus heridas, deja descansar tus miedos en la misma olla donde yo muevo todo los días las sobras de tu dolor, donde con cada giro, se cumple la promesa de hacerte feliz y ayudarte a disminuir tu perturbación, deja que yo ahogue tus demonios con los giros de mi corazón.